Tengo que decirte adiós.

Lo siento, pero no. Lo que tú haces no es quererme.

Si me quisieras no me habrías dejado marchar. No habrías soltado mi mano. No habrías dicho adiós a tantos años de caricias bajo la lluvia. Ni habrías tirado por la borda una vida juntos por una discusión de una tarde. No te engañes igual que me he engañado yo todo este tiempo.

Si realmente lo hicieras, estarías ahora abrazándome, secándome las lágrimas con tus labios. Volviendo a entrelazar nuestros dedos para sellar la promesa que un día me hiciste: déjate llevar, yo estaré siempre contigo.

Siempre… ¿cuánto dura un siempre? Deberías haberlo tenido claro antes de hacerme saltar contigo.

Y te odio por decirme que regresarías. Que todo esto lo hacías por nosotros. Y yo te creí. Lo hice porque veía imposible que llegase el final a nuestra vida. A la tuya y la mía. Y ya me ves, aquí sentado, esperando. Recibiendo al otoño con una sonrisa triste y repleta de deseos que comienzan con tu nombre y acaban con la caída de nuestras hojas cada vez más secas. Y aún así tengo miedo a levantarme e irme por si algún día cumples tu promesa y regresas.

Pero el frío comienza a ser insoportable. Y no vuelves. Quizá estés bien sin mí después de todo. Quizá tenga que aprender a estarlo yo también. Y lo siento, de veras que lo siento, pero no puedo quedarme más tiempo. No aguantaría el invierno.

Así que, de cara a las luces de la ciudad, tengo que decirte adiós. Y lo hago desde la colina donde hace un año celebramos nuestro encuentro bajo la mirada de una luna avergonzada. Donde nos regalamos nuestros cuerpos infinitos y eternos. Pero esta vez solo está el mío.

Aguanto la mirada a ese escenario de puntos luminosos que me lanza un pulso de recuerdos. Me pregunto qué estarás haciendo. Si piensas en mí. O piensas en otro. Y entonces me regalo tu última lágrima y a ti mi último pensamiento.

Cierro la puerta del coche y arranco el motor. La calefacción y el frío de mi cuerpo empañan los cristales. Igual que tú empañas mi mirada.

Y entonces susurro el punto final de una vida y el comienzo de la mía.

Hasta pronto…

Anuncios

5 comentarios en “Tengo que decirte adiós.

  1. Profundo y muy reflexivo.
    Los «siempres» no son infinitos, es más, me atrevería a decir que es la palabra más relativa que existe. Y la más traicionera.

    Aún así nunca hay que perder la esperanza de encontra el «siempre» más humano, más largo y más bonito y que más nos merezca la pena.

    N.

    Le gusta a 1 persona

  2. Acabas de describir mi vida yo tambien dije adios hace ya solo un dia y duele duele mucho que amargura la traicion y la aceptacion. Bellas palabras llenas d sentimiento. Escribes muy bien.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s