Desconocidos.

Me gusta bailar
con desconocidos
cuyo color favorito es el azul,
prefieren la montaña,
toman café con sacarina
y calzan un treinta y seis.

Me gusta elaborar teorías
con desconocidos
que encuentran la combinación perfecta
entre sus labios
y mis noches en vela.
Que saben que no importa
si uno más uno suman dos
siempre que el orden
no altere el producto.

Me gusta navegar
con desconocidos
que no tienen miedo al naufragio.
Que piensan que un acantilado
puede ser mejor que tierra firme.
Que saben que, al fin y al cabo,
es el golfo quien permite
que se adentre el mar.

Me gusta equivocarme
con desconocidos
que ven en el error
el mejor de los aciertos.
Que buscan errar el tiro
porque prefieren morir de ganas
a vivir sangrando vacíos.

Me gusta mentir
con desconocidos
a los que en lugar de crecerles la nariz
les crecen los enanos.
Menudo circo tenemos aquí montado.
Ya no sé quién es el domador
y quién el domado.

Me gusta dormir
con desconocidos
que dejan la ventana abierta
para que entre el frío.
A los que se les hielan las manos
y encienden hogueras
entre su cuerpo y el mío.

Me gustan
los desconocidos
porque lo bueno por conocer
no puede ser mucho peor
que lo conocido.